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EL SECANO

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Como ya mencioné en la entrada dedicada a la Calle Inmaculada, a raíz del masivo cierre de éstos locales por los motivos ya comentados, se fueron abriendo otros locales en otra zona de Algeciras bastante cercana a la primera, concrétamente en el Secano.

En esta larga calle fueron floreciendo paulatínamente, uno por aquí, otro más allá, bares de diversa índole que voy a tratar de detallar dentro de lo posible.

El Golpe (1ª etapa)

Casi en la mitad del Secano, haciendo esquina había un bar chiquitito y muy acogedor llamado “El Golpe”, al que Mario y Lourdes decoraron prodigiósamente con motivos taurinos y se escuchaba exclusívamente  grupos de pop-rock nacionales de la década, la cual yo me encargaba de suministrarle periódicamente con las últimas novedades del momento, grabadas en cintas de cassette, a cambio de una sustancial rebaja en el precio de las copas.

El nombre del bar venía por el chupito estrella que servían, llamado con el mismo nombre, y era una combinación de Vodka con tónica al que le dabas un golpe seco contra la barra para provocar le efervescencia del combinado y bebértelo de un trago en ese momento.

Este bar tenía una clientela muy fija (entre las que me incluía), llegando a formar un buen grupo de amigos que nos veíamos cada fin de semana para tomar copas. Mario y Lourdes, viendo que la clientela iba en aumento y el local se iba quedando pequeño, decidió trasladarse un poco más arriba, junto a Correos, donde acababan de cerrar un pub-cafetería llamado “Travelling”, inspirado en el mundo del cine, y al ser éste local bastante más grande, les pareció perfecto para albergar cómodamente a todos sus clientes.

Y así, agarraron sus bártulos y se mudaron. Cambiaron la decoración, bueno, básicamente la decoración brillaba por su ausencia, pues se limitaba a unas cuantas mesillas bajas con sus taburetes, una mesa de billar y la joya de la corona, una máquina de dardos electrónica a la que nos fuímos enganchando

Mario sirviendo una copa en El Golpe (2ª etapa)

irremediáblemente, dejándonos cada noche los cuartos en ella. Organizábamos torneos y competiciones varias con los consiguientes piques entre nosotros. Así que la decoración era lo de menos, en verdad lo que primaba era el buen ambiente que tenía y que nos tenía cada noche como clavos en el bar.

Se seguían sirviendo los “golpes” y se seguía escuchando la misma música nacional.

En el local del antiguo “El Golpe” se montó un pub llamado “Tattoo”, donde aparte de servir como pub también era un estudio de tatuajes.

Cuando Mario decidió dejar el negocio, el nuevo “El Golpe” siguió abierto con el mismo nombre y “decoración” pero dió un giro hacia un ambiente Heavy que tanto se agradecía en la época, dado el gran número de seguidores que contaba este estilo musical.

Justo en frente del nuevo “El Golpe”, cruzando la calzada, estaba el “13 Rue del Percebe”, o como le llamábamos coloquiálmente, el “13” a secas.

Juan, el dueño, inspirado en las famosas historietas de tebeo de F. Ibáñez con el mismo nombre, había hecho pintar todas las paredes del bar con las viñetas de este singular bloque de vecinos a gran tamaño, así, nos

Trocadero

encontrábamos a Rompetechos silbándole a una serpiente creyendo que era una mujer y otras situaciones igual de divertidas, y en la barra, incrustadas entre la fibra de vidrio de la encimera, páginas originales de estas mismas historietas.

También tenía un ambiente bastante bueno con clientela fija y música del momento aunque más internacional que en “El Golpe”.

Pasaremos un poco deprisa por el “Archie” aunque fué un pub mítico con muy buena clientela que permaneció en activo con este nombre muchos años para llegar a otro local denominado “La Abadía”. Éste bar también fue un “Boom” en la época en lo que se refiere a decoración, pues estaba inspirado en una abadía, con arcos y columnas de ladrillo y colgando del techo y paredes candelabros con velas encendidas dándoles un ambiente bastante peculiar, dado que el local era bastante amplio. De música, nada fuera de lo normal, lo más comercial del momento enfocada a otro tipo de clientela menos exigente.

Más arriba de la calle, el “Trocadero”,pionero en lo que actuálmente son muchos pubs en nuestra ciudad, con un horario mucho más amplio, abarcando buena parte de la tarde para la hora de los cafés y las copas de media tarde. También precursor de que los bares fueran perdiendo personalidad, al desaparecer la imagen de dueño-barman para pasar a la de empresario o varios socios con camareros/as contratados, de buen porte, pero que se limitan a servirte lo que pides con rigurosa profesionalidad sin salirse del guión.

Casi al lado el “Dublín”, taberna irlandesa muy bonita para tomarse cervezas de importación también atendido por el mismo tipo de nenas  para atraer al público. Música en exclusiva internacional más bien tirando a comercialilla aunque se dejaba escuchar y poco más. Un buen pub para pasar el rato o para quedar con los amigos para empezar la noche.

Un poco más tarde se montó justo al lado de éstos dos citados anteriórmente

KM-2

el “Zanzíbar” con mucho neón y similar ambiente que los anteriores aunque con música mucho más movida. El resto, igual, las nenas de turno poniendo copas y un montón de gente apretujadas intentando mover el esqueleto.

Al igual que en la calle Trafalgar, aún permanecen a día de hoy abiertos muchos de estos pubs-cafés con el nombre original.

Arriba del todo nos encontramos algunos bares bastante interesantes, empecemos por otro de mis favoritos: “El Alambique”, montado tras cerrar el “KM 2” otro buen bar con excelente música y ambiente pero que no El Alambiqueestuvo mucho tiempo abierto. En “El Alambique” mi buen amigo Izqui edificó un proyecto de pub bullicioso y alegre. Siempre estaba a tope de personal sudando la gota gorda, pues aquí hacía calor hasta en invierno y escuchando variadísima música de todo tipo, aunque predominaba la nacional. Tras la barra desfilaban varios personajes entre los que recuerdo a bote pronto a Jose Claudio, voraz consumidor de Bacardis, siempre ayudando al bueno de Izqui, con el que intenté retarme alguna vez, siempre con resultados lamentables para mí.

Recuerdo los Jueves en los que, a veces, yo llevaba mi amplia colección de vinilos de música nacional y celebrábamos fiestorros memorables “al calor del amor en un bar”.

Junto a éste, otro referente: El “Indio Rock”. Abierto tras el cierre de una

Pegatina Indio Rock “Support Ases”

especie de engendro de pub-tetería moruna llamada que estaba la mayor parte del tiempo vacía.

Bar minuciosamente decorado con motivos indios por el dueño, apodado así, “El Indio”, mastodóntico personaje que tras la barra ayudado por Kike, te suministraba dosis de excelente Rock junto con las mejores bebidas del momento. ¡Qué buena música se escuchaba aquí! Rock, Rock y más Rock.

Este bar era frecuentado por moteros que, dejando aparcadas en la puerta sus ruidosas y llamativas monturas, le daban al interior un ambiente distinto donde predominaba el cuero y los tatuajes.

Enfrente, el “Alien” extraño bar con relativo buen ambiente y música que pasó por buenos momentos  y por otros no tan buenos, pero que sobrevivió

Indio Rock

bastante bien al momento.

También recordaré el “Boomerang”, que casi siempre estaba vacío y se mantuvo abierto como tal bastante tiempo, teniendo casi al final de la época dorada del “Secano” algo de ambiente, fruto de la constancia del dueño. Hoy está reconvertido en bar de tapas.

Y hacer mención, aunque de paso al “Papiro”, otro local del Secano con relativo tirón, decorado al más puro egipcio.

Por detrás, en la calle Fuentenueva, estaba el “Traffic”, buen establecimiento

Traffic

de copas, buena música y clientela no muy numerosa pero fiel. En la misma calle Fuentenueva había una hamburguesería, “Hawaii”, que preparaba todo tipo de hamburguesas y sándwiches.

En la parte más alta del Secano, a la altura de la gasolinera, había antiguamente una fábrica de hielo que con el tiempo quedó en desuso y poco a poco fue reduciéndose a ruinas, quedando los edificios levantados en bastante mal estado y en un estado de abandono absoluto. Pues bien, algunos empresarios avispados vieron en estos despojos arquitectónicos una buena manera de hacer negocio, y decidieron aprovechar estos edificios para montar bares.

Uno de ellos “El Abrevadero” tuvo muchísimo éxito, sobre todo en verano, ya que disponía de un enorme patio donde se instaló una larga barra  que solía llenarse de público sobre todo los fines de semana.

En invierno quedaba reducido bastante, ya que sólo disponía de una pequeña habitación con una barra.

En sus principios fue regentado por Óscar y Fali, y contribuyeron también como parte activa en muchas publicaciones de la época como la revista “La Movida” de nuestro Garry que era un panfleto donde se hacía publicidad a negocios (sobre todo bares) por medio de comics con los dibujantes locales, entre los que me incluyo, quedando en forma de Fanzine muy atractivo y que

El Pasaje

se repartía por la zona de forma gratuita.

Una vez traspasado por Óscar y Fali, el negocio fué cambiando de dueños con más o menos éxito, siendo uno de éstos una especie de sala de conciertos llamada “Excalibur” donde llegó a actuar, entre otros, el gran Kilo Veneno.

Al lado de este bar se hallaba el “Honkey Tonk” amplísimo bar con varios niveles y distintas barras que estuvo abierto muy poco tiempo y que quedó reducido a dar fiestas en Fin de Año.

También se encontraba el “Velvet”, con el mismo nombre y logo que una famosa sala de Barcelona (nunca supe la relación que los unía), este bar tenía muy buen aspecto en cuanto a ambiente, montando en verano una barra en el exterior que se mostraba muy concurrida a menudo.

En frente la discoteca “Generatriz”, preciosa en su momento al aprovechar el edificio mayor de la fábrica y dándole sus propietarios una decoración sin alterar en demasía su estado original, quedando sus paredes con ladrillo visto y con barras a varias alturas, destacando la de la parte más alta, desde donde se divisaba todo el ambiente de la sala.

Esta discoteca tuvo muchísimo éxito, ya que rompía el monopolio que

El Pasaje

obstentaban en su momento el “Tamarindo” en el Rinconcillo y “El Cigarrón” en Los Pinos a los que ya nombré en la entrada dedicada a las discotecas, aparte de que no había que coger ningún tipo de vehículo como en los casos anteriores, quedando como sitio obligado para finalizar las noches, pues como tenía un horario más amplio, al cerrar los bares era lo que quedaba abierto en la zona y  los más caldeosos podían continuar la noche allí.

Últimamente ha cambiado de nombre: “Premiere” con bastante éxito.

Justo enfrente de la gasolinera teníamos otro local: El “Capella”, continuando hoy día abierto con el nombre de “La Farándula” siendo actualmente sitio obligado para los amantes de los monólogos que a menudo se celebran en él.

Siguiendo por la acera del “Capella” en dirección a La Bajadilla, había un peculiar bar llamado “El Pasaje” y aquí nuevamente me detengo para analizarlo con más profundidad.

Este bar en las décadas de los 60 y principio de los 70 fue una sala de fiestas llamada “El Pasaje andaluz”, aún recuerdo la orquesta que amenizaba las noches y que yo, de crío, distinguía al mirar por la cerradura de la puerta.

Con el paso del tiempo, esta sala de fiestas cerró sus puertas, permaneciendo

El Pasaje

así bastantes años, hasta que volvió a abrir sus puertas en el Boom del Secano ya con el nombre de “El Pasaje”. Los dueños quisieron respetar en parte la decoración original de este local y lo único que cambió fue la barra, dándole un toque de modernidad al construirla con forma irregular, el resto, azulejos y suelo quedó tal y como estaba, dándole al local un aspecto bastante atractivo y original.

Fué cuando sus primeros dueños traspasaron el negocio a Fernando y Jaro, cuando alcanzó su mayor plenitud, ya que aparte de ser muy agradables con la clientela, abrían todos los días de la semana, siendo de agradecer por las personas que, como yo, trabajábamos a turnos y descansábamos a veces entre semana.

Lamentáblemente, Jaro falleció en un accidente de tráfico y fué Vicente, “El Torro”, hermano de Fernando, el que ocupó su lugar tras la barra, sin alterarse el buen funcionamiento del negocio.

Más tarde el Pub fue traspaso a Paco y Nuria, pareja de linenses que supieron mantener el ambiente intacto, continuando con la filosofía de sus anteriores propietarios de abrir todos los días.

Ya posteriórmente, volvió a cambiar de dueños y de nombre pasando a llamarse “Country Saloon” aunque de éste último no puedo hablar pues desconozco la actividad que tuvo, aunque me imagino que no tuvo tanto éxito como antaño.

A día de hoy, siguen abriéndose nuevos locales en El Secano, la mayoría como bares de tapas, destacando el “Chiqui” de Juan, co-propietario del famoso “Chiquilitré” de la calle Sevilla y que se decidió a montar un negocio en solitario, así como pubs con bastante éxito como el “Sexto sentido”, aunque esta calle ya no es lo que fue en su época dorada.

Hendrix

Y por supuesto, un clásico entre los clásico: El “Secano 8” antes “Hendrix” (encontraréis información del “Hendrix” en la entrada de este mismo Blog titulada “Así empezó todo”).

Como comenté en la entrada anteriórmente citada, el “Hendrix” cambió de nombre para pasar a llamarse “Secano 8” en alusión al nombre y número de la calle.

Aunque se cambió un poco el ambiente, afortunádamente sólo fué eso, un poco, ya que lo que se suprimió fué el consumo de “cigarritos aliñados” dentro del local, el resto permaneció igual, los mismos propietarios (Nono y Pepa), excelente música y ambiente distinto.

Hasta su cierre fué siempre el bar de referencia de los más mayorcillos en edad, que no en marcha, ya que en pocos sitios, por no decir en ninguno, podías escuchar a “AC DC” o “Led Zeppelín” por poner sólo un par de ejemplos, aparte de ser de los últimos en cerrar, ya que con la persiana bajada al llegar la hora establecida de cierre, dentro seguía la fiesta hasta bien cerca del alba.

Recuerdo en la barra de este bar una vela, la cual permanecía encendida durante toda la noche un día tras otro, quedando una montaña de cera cada vez más grande que la hacía muy llamativa.

Este bar era muy estrecho y en el fondo, bajando unas escaleras, había otra barra que últimamente los propietarios la arrendaban para sacar una pelas.

Hace relatívamente poco tiempo, el bar cerró, lo que me causó una gran tristeza, para abrir después con otros dueños, otro nombre y, por supuesto, otro ambiente. Ya no he vuelto a entrar.

Por último, también quiero añadir el establecimiento que aún hoy existe en la esquina con la calle que llevaba a “Generatriz” donde ponían (y ponen) bocadillos variados: “Mr. Bollito” y otro donde ponían hamburguesas y bocadillos variados que se llamaba “Bocata XX” (El número no lo recuerdo, ¿Álguien me ayuda?) en relación con el número de bocadillos distintos que servían. Éste estaba situado poco más allá del anterior, cerca del “Capella” y estaba regentado por Eva y su marido.

DISCOTECAS DE AYER

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Al principio la oferta de discotecas era bastante amplia y estaban situadas dentro del casco urbano, normalmente en sótanos que hoy en día sería impensable que se otorgaran licencias para instalar uno de estos establecimientos pues eran auténticas ratoneras, afortunadamente nunca

The Mermelada

ocurrió ninguna desgracia.

Petrarca

Una de las más antiguas y famosas fue el “Petrarca” en la Avenida Fuerzas Armadas, esta discoteca después de muchos años en funcionamiento cerró sus puertas y fue abierta con el nombre de “The Mermelada”por David

, actual propietario del “Senda”, un interesante pub-cafetería que funciona a la perfección en la zona de los antiguos multicines “Las Palomas” y al poco tiempo, el propio David le cambió el nombre por “8ª Avenida” , dándole a ambas otro estilo, e intentando darle un cambio al lugar con música de los años 60-70-80 menos comercial, pero el asunto no llegó a coger vuelo.  También recuerdo el “Kabila”, situado cerca de la plaza alta junto a un bonito y oscuro

bar estilo irlandés instalado en un semisótano y decorado asemejando el interior de un barco pirata llamado “Taberna de Hawkin’s”.

Atravesando la Plaza Alta en dirección al Mercado de Abastos se encontraba

Kabila

“Galaxia”. Quizás una de las más modernas de todas y que fué una revolución cuando se inauguró.

Junto al “Bizarre” teníamos el “Mailo”  otro sitio más para unirse a la oferta de los más bailongos.

Ésto en lo referente a pequeñas discotecas, porque después, fueron apareciendo discotecas mucho mayores, más acorde con lo que la ciudad se merecía.

Mailo

De éstas discotecas grandes hay que destacar las que convivieron al principio y que cada una tenía su público fiel y éstas eran el “Cigarrón”, el “Tamarindo” y el “Pentágono”.

“El Cigarrón” en Los Pinos, la discoteca con clientes más modernos y posíblemente la que contaba con más aceptación. Tenía su parte de invierno y su parte de verano con piscina incluida y se podía escuchar un tipo de música pelín menos comercial, así no era raro bailar temas de The Cure, Smiths y otros grupos de actualidad. Fue demolida hace bien poco.

El “Tamarindo” en el Rinconcillo. Al principio sólo era discoteca de verano al aire libre, construida en el amplio jardín de un chalet, para poco a poco ir transformándose en discoteca propiamente dicha al ir cubriéndose

Tamarindo

paulatínamente. Esta discoteca contaba con un público mas heterodoxo, aquí entraban todo tipo de clases sociales y clientes de lo más variopinto y a causa de esto la música que se oía también era muy variada,

desde sevillanas y rumbas hasta pop español del momento. Justo enfrente se instaló el bar “Raúl” que supo aprovecharse de la coyuntura al estar abierto toda la noche sirviendo bocadillos,cervezas y copas a precio más asequible que en el interior de la discoteca, provocando un contínuo trasiego de personas que cruzaban la carretera de un local al otro.

El Pentágono

El “Pentágono” en la Granja, discoteca complétamente de invierno y, para mí, aunque nunca he sido un asíduo de estos locales, la que tenía más apariencia de discoteca al estar perfectamente equipada hasta en el más mínimo detalle. Al estar bastante alejada tanto del centro como de locales de copas, hacía que no fuera todo lo frecuentada que se merecía. Aún así permaneció en activo muchos años a un gran nivel.

Después de éstas tres, empezaron a aparecer algunas más:

El “Paco Paca” en la carretera del Cobre, puf, extraña discoteca, bonita la verdad, pero con un tipo de clientela de dudosa reputación convirtiéndose en un lugar tabú para la mayoría de los jóvenes, aunque sitio predilecto de otras tribus. No entro en más detalles.

El “Banani” también en la barriada del Rinconcillo, una de las últimas en abrirse al público, contaba también con parte de invierno y parte de verano.

Déjame

Tuvo relativo éxito al salirse un poco del esterotipo de discoteca convencional . A su cierre y algún tiempo después, Felipe, “El Demonio”, la volvió a abrir con el nombre de “Déjame” con la intención de usarla como sala de conciertos y como discoteca con otro tipo de música menos comercial. No tuvo éxito, aunque en su parte de verano llegó a dar un excelente concierto el grupo “Doctor Feelgood” que aún recuerdo con agrado.

Y por último, El “Generatriz”, preciosa en su momento al aprovechar el

Entrada concierto Dr. Feelgood

edificio mayor de la antigua fábrica de hielo y dándole sus propietarios una decoración sin alterar en demasía su estado original, quedando sus paredes con ladrillo visto y con barras a varias alturas, destacando la de la parte más alta, desde donde se divisaba todo el ambiente de la sala.

Esta discoteca tuvo muchísimo éxito, ya que rompía el monopolio que

El Cigarrón

obstentaban en su momento el “Tamarindo” y “El Cigarrón”, aparte de que no había que coger

ningún tipo de vehículo como en los casos anteriores, quedando como sitio obligado para finalizar las noches, pues como tenía un horario más amplio, al cerrar los bares era lo que quedaba abierto en la zona y  los más caldeosos podían continuar la noche allí.

A partir de aquí se han abierto algunas más, pero ya pertenecen a otra etapa distinta a la que aquí estamos dedicando.

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